Un subproducto de Bruno Córdova.
En columna escrita el pasado domingo, el Presidente electo, Sebastián Piñera, plantea los alcances explica su llamado a convocar una democracia de los acuerdos, emulando el espíritu de la transición.
(La democracia de los acuerdos) consiste en ponernos metas audaces, que unan y no dividan a los chilenos, detrás de las cuales sumemos los compromisos (…): superar la pobreza y las desigualdades excesivas, recuperar la capacidad de crecimiento y creación de empleos, empezar a ganarle la batalla a la delincuencia y el narcotráfico, y mejorar de verdad la calidad y equidad de la salud y la educación.
Hay algo malo en este párrafo. Aparte de la sensación de leer muñecas rusas, con tanto abuso de las copulativas.
El Presidente electo convoca un pacto sobre los diagnósticos, en lugar de convocarlo desde las soluciones. Piñera está ofreciendo al espectro político la promoción de un contrato en el cual se promete otorgar un servicio, mas prohibiendo la lectura de la letra chica.
Exhortar abiertamente el adormecimiento del debate político contradice el fin de un gobierno y una oposición. Puede ser un golpe de efecto, pero el efectismo propio de nuestro referente desnaturaliza la esencia de la política.